Nervioso/a antes de un viaje... te cuento cómo lo superé.
La previa del viaje
Hace poco tenía que viajar al Brasil. ¡Qué bueno!, seguro pensaron, porque ese país lo asociamos con playas, sol, arena, caipiriña y demás… Pero esta vez no era para eso… Pero no les voy a contar para qué fui, ni qué pasó durante el viaje, ni a dónde fui, sino qué me suele pasar en los días previos y en la noche previa.
Cuando
el cuerpo empieza a avisar
Pues bien,
por lo general, antes de un viaje me sentía un poco nervioso; mi humor solía
ser de muy pocos amigos. Esta mala onda la sentían las personas que estaban a
mi alrededor, ya que por cualquier tema “explotaba”. A veces me daba cuenta, y
otras veces me hacían dar cuenta, o simplemente se manejaban con mayor sigilo
para que no “erupcionara”, jajaja.
También
sentía que me apretaba el pecho. Era como que me faltaba aire, con lo cual esta
incomodidad hacía que mi nivel de intolerancia hacia las personas que estaban a
mi alrededor aumentara. También sentía mi cabeza llena de pensamientos que me
molestaban o que parecía que ocupaban todo mi cerebro. Así estaba mi cuerpo.
Los
preparativos también pesan
Como el ambiente era de preparativos, tenía que verificar que el auto tuviera todo lo necesario para emprender un viaje internacional: extintor, balizas, seguro de carta verde, la calibración de las ruedas, etc. Y cuando mis hijos eran menores de edad, debía tener a mano las partidas de nacimiento y sus respectivas cédulas de identidad; pero si viajaba solo con ellos, sin mi esposa, también necesitaba el permiso de menor… un trámite no menor.
Una
emoción con nombre propio: Viavia
Me imagino
que muchos/as de ustedes, cuando están por viajar, se sentirán identificados/as
con todo esto. A esta emoción solemos llamarla estrés, tensión, nervios… pero
creo que podemos darle un nombre, por ejemplo: “Viavia”, que es la
emoción incómoda que se genera antes del viaje: “la preVia al Viaje”.
El
recuerdo como recurso
Pero no escribí mi experiencia para crear una nueva emoción, sino para contarles que la había superado en más de una ocasión. Lo que hice fue recurrir al recuerdo. Como ya había viajado en ocasiones anteriores, y todo había resultado como estaba previsto, le dije a mi cerebro que se tranquilizara, que ya habíamos pasado por esa experiencia y que había salido todo bien.
Darle
certeza al cerebro
¿Por qué
funciona esto? Porque, según Ana Ibáñez, neurocientífica, a nuestro cerebro le
gusta que todo esté bajo su control, que tenga claridad sobre lo que va a
ocurrir en el futuro, y que si uno le da la certeza de que va a estar todo
bien, se tranquiliza y te tranquiliza. Por eso, el hecho de decirle que
ya habíamos pasado por esa experiencia, recordándole cómo fue y que salió todo
bien, ya es suficiente.
Cuando
la Viavia se calma
Hice esto,
y la previa de mis dos últimos viajes la pasé bastante bien. Realicé todos los
preparativos necesarios y no tuve ninguna de las sensaciones que mencioné al
inicio. No me sentí nervioso, dormí muy bien en la noche antes del viaje,
cuando por lo general dormía bastante mal.
Una
forma simple de atravesarla
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