Cómo empecé a soltar un hábito de más de 30 años

 Cómo empecé a soltar un hábito de más de 30 años

Yo estaba acostumbrado a hacer la siesta.
Con unos 20 minutos, por lo general, ya me alcanzaba.

Si no lo hacía, podía pasar entre 2 y 3 horas con sueño, con pesadez y con dificultad para trabajar.
Y más todavía si el trabajo era intelectual.

¿Por qué te cuento esto?

Porque, de un tiempo a esta parte, hace aproximadamente un mes, ya no estoy haciendo la siesta.
Y lo interesante es que no tengo ninguna dificultad para seguir con mis labores durante la tarde.

Para mí, esto es realmente impactante.
Hacer la siesta era casi sagrado.
Y lo venía haciendo, con seguridad, desde hace más de 30 años.

¿Qué me permitió superar esta costumbre?

Cuando me empezaba a entrar el sueño, me decía:
“Esto es una propuesta neuronal.”

Con esa frase quiero decir algo muy simple.
Esa necesidad de dormir después de comer estaba muy instalada en mí.
Era una respuesta ya aprendida.
Muy probablemente, mi cerebro había asociado ese momento del día con la siesta.

Entonces, después de comer, aparecía la señal de sueño.
Y junto con esa señal, aparecía también la idea de que tenía que dormir.

Yo entendía eso como un pensamiento automático.
O, dicho con mis palabras, como una propuesta neuronal.

Es decir, mi cerebro me proponía seguir haciendo lo de siempre.

Lo conocido.
Lo habitual.
Lo que ya tenía registrado.

Y esto tiene bastante lógica.
Al cerebro le resulta más fácil repetir patrones conocidos.
Le exige menos esfuerzo.
Le da más seguridad.
Y, en muchos casos, le permite ahorrar energía.

El cerebro tiene muchas funciones importantes.
Una de ellas es generar pensamientos de manera constante.

Esos pensamientos, muchas veces, están en coherencia con nuestras experiencias pasadas y con nuestras expectativas de futuro.
Pero no siempre coinciden con lo que realmente necesitamos en el presente.

Nos genera pensamientos, queramos o no.
Todo el tiempo.

Por eso, una manera de tomar distancia es repetirnos:
“Es solo una propuesta neuronal.”

No significa negar lo que sentimos.
Ni pelearse con el cerebro.
Significa darnos cuenta de que no todo pensamiento tiene que ser obedecido.
No todo impulso necesita convertirse en acción.

Cuantas más veces lo hagas, más vas a notar cuándo el cerebro te está proponiendo algo por costumbre.
Y cuantas más veces puedas reconocerlo, más posibilidades vas a tener de elegir distinto.

De a poco, así, se pueden ir superando ciertos hábitos.
Porque muchas veces esos hábitos son justamente eso:
propuestas automáticas, muy aprendidas, que se repiten casi sin que nos demos cuenta, y que se activan con algunos pensamientos.

¿Te parece que vos también podrías hacerlo?

Si necesitás más detalles, no dudes en contactarme.


Otra experiencia similar que he vivido: https://evolucionandoycreciendo.blogspot.com/2026/03/del-automatico-la-presencia-una.html 

Bibliografía

David del Rosario, Tú has escrito este libro
Wendy Wood, Buenos hábitos, malos hábitos
Daniel Kahneman, Pensar rápido, pensar despacio

Comentarios

  1. Muy interesante. Es para ponerlo en práctica. Gracias!

    ResponderEliminar
  2. Gracias Ricardo, es gratificante dormir la siesta, si se puede. Y si, sabiendo que es una propuesta neuronal y conscientemente, elijo dormir la siesta?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Hilda. No pasa nada, porque el repetir hace que se desactive. Si no lo decís sin problema dormís. De hecho, cuando no necesito, duermo tranquilamente..Muchas gracias por comentar.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Qué hago para vovler a dormir si me despierto a las 3 de la mañana!

Hoy le pillé a mi cerebro… y entendí algo importante

Tu cerebro piensa... aunque no se lo pidas