No voy a estar en esta Teletón
Hoy, después de 15 años, va a ser la primera vez que no seré parte activa de la Maratón Televisiva, TELETON PARAGUAY.
Hubiera estado allí
Esto no es
porque ya no trabajo allí, sino porque estoy fuera del país. Caso contrario,
hubiera estado allí apoyando a mis compañeros y compañeras de trabajo, para
llegar a la meta y así poder seguir atendiendo a las más de 1600 familias que
están recibiendo servicios de rehabilitación.
Desconfianza
Muchas
veces, y más en nuestro país, nos cuesta confiar en los esfuerzos colectivos, y
más aún cuando se maneja una importante cantidad de dinero. Sin embargo, no voy
a estar escribiendo de todo lo que se hace ahí; las obras están a la vista y,
si desean conocerlas en profundidad, pueden ir a cualquiera de los 3 centros de
rehabilitación en funcionamiento y verlas ustedes mismos.
De lo que
sí quiero hablar es de las emociones que se vivencian en las 27 horas.
Angustia y tensión
Te
preparás casi un año para el evento y no sabés si vas a llegar a la meta porque
todo se define en las 27 horas. No sabés si vendrá una tormenta que haga que la
gente no salga a la calle o un calor infernal, como el que parece que va a
haber, y las personas voluntarias y la misma gente, no se animen a salir, y
otras condiciones que uno no puede manejar.
Confianza y esperanza
Pero
confiás en la gente, confiás en tu equipo que estuvo trabajando día y noche
para que todo esté preparado, y así darle a la gente la oportunidad de ser
solidaria, y por un día decir sí a las personas con discapacidad y sus familias
que acuden a Teletón.
Tristeza, desazón y rabia
Leés comentarios de la gente que habla y escribe sin fundamento alguno en contra de la gran obra de Teletón, simplemente por estar en contra, porque escuchó por ahí que no se le atendió a alguien (Teletón, responsablemente, tiene definido en qué está especializada. No es lo mismo una discapacidad física que una intelectual, auditiva o visual) o porque tienen recuerdos y comentarios de casos que ocurrieron en tiempos pasados.
Y como ya
ocurrió una vez, la no llegada a la meta. Esto sí es triste. Y no es que la
tristeza se acaba esa noche, sigue por días, semanas y en algunas personas, hasta
meses. Aquí sentís que tu esfuerzo fue en vano, que todo el sacrificio de
noches sin dormir, sin fines de semana, sin descanso por meses, no fue
suficiente para llegar a los resultados esperados. Sentís más angustia y
desesperanza.
Alegría y felicidad
Ver la movilización de todas las personas voluntarias. Es impresionante. Tenés a conductoras, artistas, personas famosas... te cruzas con ellas y sentís el compromiso por la causa. Están allí porque desean aportar lo suyo, su talento, conocimiento. También, te enterás de las miles de personas voluntarias que se movilizan por todo el país. Muchas de ellas llegan hasta el centro de transmisión con alegría, con los rostros cansados pero satisfechas de haber dado todo por la causa.
Por otro
lado, ves cómo van llegando las empresas que apoyan y te preguntás por qué lo
hacen. ¿Será que esos segundos de fama son lo suficientemente atractivos para
venir y donar? Me atrevo a responder que mayormente no, que vienen porque
quieren formar parte de la gran fiesta de la solidaridad.
“La guinda de la torta”: La llegada a la META. Esta genera una emoción indescriptible, que de tanta alegría y liberación de tensiones, te dan ganas de llorar y reír a la vez. Te abrazás con todo el mundo, te felicitás, saltás, gritás… todo lo que puedas hacer lo hacés. Esta alegría continua por días, semanas, meses.
Y seguro se generen muchas otras emociones más, pero para no ser tan extenso, dejo que lo puedas sentir y vivir vos en cada Teletón.





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